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lunes, 29 de noviembre de 2010

¿Un billón o one billon?

¿Se acuerdan de los falsos amigos? Bueno, si quieren pueden ir a esta entrada http://maurito66.blogspot.com/2009/05/falsos-amigos.html  y a la segunda parte: http://maurito66.blogspot.com/2009/05/falsos-amigos-continuacion.html  y luego seguir leyendo esta.

Resulta que es más común de lo que parece que se traduzca “one billon” desde el inglés como el español “un billón”. La realidad es que el asunto es bastante más complejo que sólo una cuestión de traducción entre el inglés y el español, ya que si un inglés (de Inglaterra) le dice one billon, un español (de España o un argentino de Argentina) debe interpretarlo correctamente como “un billón”.

A propósito: un billón es un millón de millones, es decir, un 1 seguido de 12 ceros, 1.000.000.000.000

Pero si usted se cruza con un yanqui (de Estados Unidos, claro) y le dice one billon, usted debe traducirlo como “un millardo”, es decir un 1 seguido de 9 ceros: 1.000.000.000, o lo que es lo mismo, mil millones.

Efectivamente, en EEUU one billon no es lo mismo que un billón en el resto del mundo.

Así que, a prestar atención cuando lea una publicación con números que provenga del aquel país del norte.

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martes, 18 de mayo de 2010

Aurora

Se acerca el Bicentenario y este ambiente de patrioterismo que reina en el país me hizo acordar de la Canción a la Bandera que canté durante al menos cuatro años de la escuela primaria.
Me estoy refiriendo a la canción Aurora, que como creo que ya comenté en este blog, es un aria de la ópera del mismo nombre, compuesta por el músico argentino Héctor Panizza.

Esa ópera le fue encargada como parte de los festejos del Centenario (1910), aunque fue estrenada en el Teatro Colón en 1908, justo el año de su inauguración. Aunque el compositor era argentino y el tema de la obra también, la ópera fue compuesta y estrenada en italiano, como la mayoría de las óperas de esa época, sin importar el argumento o el origen del autor.

La ópera se cantó por primera vez en español en el año 1945, también en el Teatro Colón. Y hablando de 1945, fue precisamente durante el gobierno de Juan D. Perón que la citada aria pasó a convertirse en canción de "uso obligatorio" en las escuelas.

No creo necesario decir que es una linda canción ni describirla ya que todos los argentinos la conocemos. Pero les puedo contar que lo que cantamos es una traducción bastante errónea del original italiano, incluso tiene palabras que no existen en español, tal como la parte que dice "aurora irradial", para citar sólo un ejemplo. Varios errores (que realmente desconozco si fueron involuntarios o no) corresponden a lo que suelen llamarse "falsos amigos", tema que también he tratado en este blog. Por ejemplo, traducir rostro por "rostro" en lugar de "pico", o stelo por "estela", en lugar de "tallo" (en este caso asta de la bandera).

Pero bueno, a la edad en que la aprendimos sonaba muy rara y nos nos íbamos a poner a buscarle un sentido. Ya de grandes, o la cantamos de memoria sin saber qué decimos, o no nos interesa tanto como para objetarla.

El aria, que corresponde al segundo de los tres actos de la ópera fue siempre ovacionada desde el estreno y es una costumbre pedir el bis de la misma. A continuación pueden escuchar a Darío Volonté cantarla dos veces, tal como es la sana costumbre.




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martes, 12 de mayo de 2009

Falsos amigos (continuación)

Esta es la continuación de la entrada anterior. Gracias por regresar. En otra ocasión, el danés se metió debajo de la máquina en cuatro patas, miró, salió y dijo algo parecido a - “guáya… guáya”. Los mecánicos me miraban y yo dije: - “Quiere guáya guáya, pero no sé qué es…” Todos esos degenerados se miraron como preguntándose ¿Querrá dunga dunga?. Tanto insistía el danés que le tuve que pedir que escribiera la palabra porque no lograba entenderle… entonces después de pensar un poco y decir que no sabía muy bien cómo se escribía, anotó en un papel: “washer”. Mi desconcierto fue mayor porque no sabía si quería un lavarropas o darse una ducha y tampoco entendía qué tenía que ver con lo que miraba debajo de la máquina. Mi diccionario de bolsillo no tenía esa palabra, así que no pude ayudarlo. Entonces el danés pidió permiso y se metió en el taller mecánico y comenzó a revolver cajones, mesas, estantes y todo lo que podía mirar (incluyendo almanaques en la pared, que no eran precisamente institucionales de la empresa en la que estábamos) y luego de un rato encontró lo que quería… ¡Era una arandela! Acto seguido él se volvió a la máquina que estaba instalando y todo el mundo comenzó a comentar por milésima vez la historia, casi leyenda a esa altura, del tano que trabajaba hace no sé cuántos años en la planta y que entre cosas mal dichas, decía “arandarela” en lugar de arandela… Mientras tanto, yo aproveché a vaciar los baldes de transpiración que llevaba a cuestas y seguí haciendo de traductor con la eficiencia que me caracterizaba. Vamos entonces al otro suceso bestial que les prometí. Entre medio de la fauna de mantenimiento había un pibe bastante aparato, bueno, trabajador, servicial, pero muy aparato. Él siempre quería estar en medio de todo y la instalación de esa nueva máquina era una buena oportunidad de demostrar que podía ayudar. Estaba o había estado estudiando algo en la facultad y con eso se creía que estaba capacitado para abrir la boca ante cualquier situación. Aún cuando supiera mucho de mantenimiento (no puedo dar fe de eso pero no interesa en esta caso), definitivamente no sabía hablar inglés. Claro que eso no era un impedimento para que él "conversara" con el danés cada vez que podía acercarse. Una tarde el danés estaba ensuciándose más que de costumbre porque estaba trabajando con la parte hidráulica de la máquina. En realidad, estaba haciendo un enchastre, pero él ponía cara de “esto es procedimiento de rutina” y nadie tenía ánimo de contradecirlo. Tampoco hubieran sabido cómo, al menos no usando el idioma. En medio de eso estaba el flaco sabelotodo que hacía como que entendía y lo ayudaba. Yo miraba de lejos, una porque estaba tratando de que mis neuronas descansaran unos minutos y otra porque no tenía intenciones de que me salpicaran con aceite industrial. De repente el flaco levanta la cabeza y comienza a gritar a los cuatro vientos… - Guívmi uán trap! Guívmi uán trap! Lo cual sería una transliteración de su fonética mecánico-inglesa para “Give me one trap!”. Y ahí comencé a reír. ¿Que le dieran qué? ¿Una trampa? El danés miraba con cara de miedo y supongo que pensaba “¿Me quieren cazar con una trampa?” Los que estaban alrededor miraban para todos lados y se preguntaban - “¿A quién le habla? ¿Por qué no hablás en bonaerense? ¡No sabemos inglés, nabo!”. Por si no lo dedujeron, lo que flaco estaba pidiendo era ¡un trapo!, no una trampa, pero como no conocía la palabra en inglés la tomó del español y la transformó en algo que se pareciera al inglés. Dicho de otro modo, cayó en la trampa de un falso amigo... Él igual era feliz y en su caso, más que un falso amigo, se trataba de un boludo conocido, y estos, les aseguro, no figuran en la lingüística… quédense tranquilos. .

domingo, 10 de mayo de 2009

Falsos amigos

¡Qué feo debe ser tener un falso amigo! ¿No? Aunque peor debe ser tener un amigo falso… Piensen un poco, en español usamos el adjetivo adelante o detrás del sustantivo, pero según cómo se use este dúo de palabras el significado puede ser diferente. - ¡Ufa! ¿Otra entrada referida a la lingüística? - Sí, callate y seguí leyendo… En lingüística, los falsos amigos son, en apariencia, menos peligrosos que en la vida real… salvo que uno intente hablar un idioma extranjero haciendo uso de ellos sin ser conciente de la boludez que uno puede estar diciendo. Se denomina falso amigo a una palabra de otro idioma que se parece o es igual (en la escritura o en la pronunciación) a una palabra de nuestra lengua materna pero que tiene un significado diferente. La definición se aplica a cualquier idioma, pero voy a mencionar ejemplos clásicos de falsos amigos entre el español y el inglés. La lista tiene la palabra en inglés y luego el significado en español. Por último, la palabra en español que se parece, en caso de que sea necesario aclararla. Aquí van… ACTUAL – real EXIT – salida – éxito GROCERY – mercaderías – grosería ABSTRACT – resumen – abstracto ADEPT – experto – adepto APOLOGY – disculpa – apología ARM – brazo – arma BARK – ladrar – barco BIGOT – intolerante – bigote EMPRESS – emperatriz – empresa FABRIC – tela – fábrica LARGE – grande – largo LAVATORY – inodoro – lavatorio (¡No te confundas con esta! Sobre todo para lavarte la cara) MATE – compañero – yerba mate PAN – cacerola RED – rojo ROPE – soga – ropa (no es perro “al vesre”) SIN – pecado Cuando pienso en la habilidad de hablar idiomas extranjeros, siempre me viene a la mente una situación vivida en el trabajo hace unos cuantos años… En ese momento yo estaba intentando hacer de traductor oficial entre un danés que había venido a instalar unas máquinas nuevas y todo el resto de la planta que no entendía nada de inglés… ¡De danés ni hablar! Yo estaba en mi primer año de estudio serio de inglés por lo que tampoco era un ejemplo a imitar, pero dado que era el único que sabía algo, automáticamente era el más indicado para hacerlo. (En el país de los ciegos, el tuerto es rey). Mi principal responsabilidad era que la gente de Mantenimiento de la planta que estaba asistiendo al montador nórdico entendiera qué estaban haciendo o qué era necesario hacer para ayudar con la instalación. ¡Qué momento! Yo no sólo no sabía hablar inglés con fluidez sino que tenía (y tengo) unos conocimientos de mecánica que equivalen a lo que sabe Belén Franchese acerca la teoría de cuerdas o de la naturaleza de la fuerza nuclear débil presente en los núcleos de los átomos… Destornillador, tuerca y llave francesa eran mis únicos conocimientos de mecánica en esa época y encima no sabía decirlos en inglés… ¡qué patético! Tres a cuatro litros de líquido era lo que transpiraba por día tratando de entender al gringo hablando inglés con acento danés, revolviendo esos sonidos guturales en mi cerebro hasta que se transformaban en algo parecido a palabras en español para luego vomitarlos en algo parecido a “Dice que le saques el aparejo de la oreja o que si seguís haciendo fuerza para levantarlo, saques el pie de arriba de su dedo meñique porque no es de goma y no se estira, ¡boludo!” Y sí... uno hacía lo que podía y encima había que sortear la bestialidad de algunos colegas de trabajo. Lo bueno es que aprendí bastante, sobre todo a que salieran las palabras de mi boca, aunque fuera con un esfuerzo sobrehumano... Tengo otra anécdota de ese momento relacionada con otro colega y con la bestialidad, pero ahora no te la voy a contar. ¿Querés saber cómo sigue? Volvé a visitarme. .