El personaje principal, el mago Merlín, interpretado por Juan Rodó, parece el idiota del pueblo. Tiene menos vocabulario que un Teletubi... ¡y hace más ruiditos que ellos! ¡Sólo le faltó decir Ooooaaaa! A ver si se entiende: reemplaza palabras por gestos y ruidos... como si uno de nosotros estuviera buscando un baño en medio de una plaza de Estambul, sin hablar el idioma y a punto de hacerse encima... patético.
Pasemos al vestuario. No, a las duchas, no... digo, pasemos a comentar el vestuario de los personajes.
Bueno, la verdad, sería preferible no decir nada al respecto. Salvo la ropa que visten algunos de los protagonistas, el resto es un mamarracho. Aún cuando uno ponga la voluntad de pretender estar mirando un "Picasso", por lo descontracturado o "espontáneo", no hay defensa posible: es feo, por no decir una cagada, que también quedaría feo.
Iluminación y escenografía, buenas. Se nota bastante el aprovechamiento de la tecnología.
Ya que estoy, un comentario sobre el Teatro Astral. La platea tiene menos declive que una mesa de billar profesional y encima las butacas están totalmente alineadas perpendicularmente al escenario, es decir, una cabeza queda extacamente detrás de la otra. Conclusión: el único que ve bien es el que está sentado en la primera fila. ¿No se les ocurrió alternar las butacas entre una fila y otra?
Bueno, tendría que terminar con las críticas en este momento, pero tengo dos cosas más para mencionar: el abuso del humo dentro de la sala para resaltar la iluminación y la ubicación del jabón y las toallas de papel del baño de hombres: infernal el embotellamiento de viejos tratándo de lavarse y secarse las manos... cuando conseguías un poco de jabón tenías que enfrentar la horda de varones en sentido contrario tratando de llegar a las toallas de papel y si dejabas pasar a alguien para que consiguiera su toalla, luego tenías que comenzar de nuevo la odisea de llegar al tacho de basura a tirar el bollo de papel que habías terminado de usar. No entiendo cómo no ha muerto gente en ese baño tratando de lavarse las manos...
Y para terminar... una buena. Lo destacable en este espectáculo son las voces. Realmente cantan muy bien, son profesionales en eso.
En fin, si no se entendió el mensaje lo digo explícitamente: no gasten plata para ver esto.
Pepito: sacate los anillos, agarrá un Faber-Castell número 2, encerrate 3-4 meses y escribite algo que valga la pena si querés que te vaya a ver de nuevo.
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