Mostrando entradas con la etiqueta turismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta turismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de febrero de 2013

El viaje esperado (II)

San Francisco es una ciudad con muchos lugares diferentes para conocer y disfrutar: museos, zonas y centros comerciales, parques, zonas residenciales y la zona costera con todos sus atractivos.

Uno de los mejores paseos que hice en esta ciudad, si no el mejor, fue el tour a la isla y prisión de Alcatraz.


Sólo se puede acceder por agua (es una isla!) así que hay que pagar el pasaje en barco hasta allí. Lo bueno es que luego en la isla no te cobran por recorrerla ni por entrar a la cárcel, ahora en desuso. Incluso al ingresar al edificio de la cárcel te dan una audio-guía en tu idioma para que la recorras escuchando el relato grabado.


La guía contiene la historia de la cárcel, cuándo fue abierta y cuándo cerrada y otros datos interesantes de ese tipo.
Pero lo más jugoso está en los relatos de algunos hechos especialmente famosos ocurridos en su interior, muchos de ellos narrados por las personas reales que las vivieron (internos y guardias). En la versión en inglés son las voces originales que se escuchan de fondo, en las versiones en otros idiomas locutores doblan esas voces originales. A estas voces hay que sumar efectos de sonido grabados allí mismo, lo que hace del resultado final algo realmente impactante y muchas veces, estremecedor.


Por supuesto, la historia más famosa de todas es la del escape protagonizado por unos pocos internos que salieron una noche de sus celdas por los agujeros de ventilación que habían estado agrandando con cucharas (!) durante no se sabe cuánto tiempo.
En esta foto de abajo se puede ver una de esas celdas con el agujero debajo del lavatorio.


Nunca los encontraron. Y aunque suponen que se ahogaron por la temperatura del agua y las corrientes que hay en la zona, tampoco hallaron los cuerpos. Todo un misterio. Y el último para esta cárcel que cerró sus puertas al poco tiempo de ocurrida la fuga.

Como dije en la primera entrada, este viaje tuvo otras dos ciudades: Las Vegas y Miami.
Pero eso, queda para una nueva.

Continuará...

§

jueves, 10 de enero de 2013

El viaje esperado (I)

Después de casi dos años de pensarlo, imaginarlo, meditarlo y organizarlo finalmente el pasado noviembre fui a conocer dos destinos que tenía pendientes y a los cuales los tenía entre las cejas: San Francisco y Las Vegas, ambos en Estados Unidos, claro.



San Francisco es una ciudad muy linda, pero algo extraña. Tiene un centro comercial y financiero de unas cuantas manzanas donde se pueden ver los más altos y casi únicos edificios en altura de toda la ciudad. El resto es casi todo residencial, con casas de dos o tres plantas como mucho.

Está repleta de tranvías, trolebuses y colectivos eléctricos. Se puede ir a casi cualquier punto de la ciudad con alguno de esos transportes. También hay un par de líneas de subterráneos y muchos vehículos para el agua. La ciudad es casi un rectángulo, rodeada de agua en tres de sus lados.








Está construida sobre un terreno tan irregular que la pendiente de algunas calles desafía el ángulo máximo al cual se puede flexionar el pie, hacia arriba o hacia abajo, de modo de poder mantener el cuerpo en posición vertical y que el centro de gravedad no te haga rodar y provocar una avalancha humana a tu paso hacia el abismo del final de la pendiente... Y subir es terrible!! La primera noche de hotel fue el show del calambre!!!

Claro que los "franciscanos" están acostumbrados... Mientras yo recuperaba el aliento haciendo un descanso por segunda vez en la subida de una (!) cuadra, a mi lado pasaba un anciano empujando hacia arriba una silla de ruedas con una anciana arriba. Sin palabras.
Tampoco el transporte te tranquiliza. Hubo subidas en las que casi me pongo a rezar para que no fallara el motor ni los frenos antes de llegar al final de la subida.






Esta entrada continuará...

§

viernes, 18 de mayo de 2012

Aguas Grandes

Esta semana estuve en Misiones visitando las Cataratas, haciendo base en un hotel espectacular en Puerto Iguazú.

Fueron sólo tres días, pero alcanzaron muy bien para apreciar las cataratas desde Brasil y desde Argentina y conocer algunos lugares en y cerca de la ciudad de Puerto Iguazú.

DSCN0425

Para quienes las conocen no voy a contar ninguna novedad. Para el resto digo: vayan a conocerlas en cuanto tengan la oportunidad porque son espectaculares.

DSCN0541

Las cataratas toman el nombre del río en el que están, Iguazú, palabra que proviene de la lengua guaraní y que se puede traducir como mucha cantidad de agua o aguas grandes.

Aunque casi el 80% de los saltos se encuentran sobre la margen argentina del río, las vistas panorámicas se aprecian mejor visitando el parque del lado brasileño.

Eso sí, para “ver” los saltos hay que estar del lado brasileño, pero para “sentir” las cataratas hay que estar en Argentina. Desde la margen argentina las pasarelas permiten estar sobre, la lado o casi debajo de los saltos, haciendo así la vivencia una experiencia vibrante.

Del lado argentino se puede acceder prácticamente al corazón de la Garganta del Diablo, cosa que no es posible del lado brasileño.

En fin, cada visitante tendrá su lado preferido. Yo disfruté mucho más el lado argentino.

DSCN0550

DSCN0353

Foto superior: atardecer sobre el río Paraná, en la Triple Frontera.

§

sábado, 12 de noviembre de 2011

Los más mejores

Hoy salí a pasear y no pude dejar de reflexionar sobre lo que tengo al alcance de la mano. Buenos Aires es una ciudad hermosa que no tiene nada que envidiarle a ninguna otra.
Bueno, está llena de argentinos... las ciudades del exterior corren con esa ventaja: tienen sólo unos pocos. Pero este "problema" no es de fácil solución, así que no tiene sentido comentarlo por ahora.

La gente como uno, que tuvo la posibilidad de conocer varias ciudades fuera del país, sabe muy bien que Buenos Aires es espectacular y tiene de todo para admirar: arquitectura, cultura, entretenimiento de todo tipo, cine, teatro, circo, museos, librerías, cafés, restaurantes, plazas, parques, árboles, shoppings, aeropuerto, puerto, autopistas, trenes, subterráneos, bicisendas, etc. etc. Y miles de turistas extranjeros por todos lados que admiran lo que tenemos... hay realmente muchos en casi cualquier época del año y seguro que todos se "mueren de envidia" porque no nacieron en este país.

Sé de qué hablo. Créanme que vi bastante... conozco: Curitiba (Brasil), Piracicaba (Brasil), Lima (Perú), Cali (Colombia), Barquisimeto (Venezuela), San José (Costa Rica), México, East Hanover (New Jersey, USA), New York, Madrid, Toledo, Avila, Segovia, Barcelona, París, Berna (Suiza), Lausanne (Suiza), Grächen (Suiza), Venecia, Florencia y Roma.
Todas ellas tienen cosas maravillosas, no se puede negar, pero no cambiaría a Buenos Aires por ninguna de ellas para vivir. Prefiero a "la reina del Plata".

Para completar mi buen humor del día, otra buena nueva. Desde ayer, los argentinos tenemos otra cosa más para estar orgullosos: una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del mundo, las cataratas del Iguazú... es para festejar, no?

Es para sentirse alegres y "maravillosos". No nos merecemos menos que esto. No le hagamos caso al chiste que hacen los extranjeros sobre nosotros, aquel que dice:
"¿Saben cómo hace un argentino para suicidarse?"... Pues, se sube a su ego y se tira desde allí arriba...
¡Somos los mejores y los más maravillosos!

Ah... y por favor, no dejemos que Kretina vaya a "inaugurar" las cataratas... que no se anote en esta, que ya existen mucho antes que los pingüinos...

§

martes, 8 de febrero de 2011

Nuevito, flamante y dorado

Después de aproximadamente 9 años, hoy se reiniciaron las visitas guiadas al Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires.

¿Y quién estuvo allí? Yo. Dado que Macri no me invitó a la re-inauguración de la sala luego de los trabajos de restauración, no me quedaba otra opción que conformarme con una visita guiada.

El Teatro es un edificio impresionante y ahora realmente luce todo su esplendor.

Las visitas duran unos 45-50 minutos y el recorrido sólo incluye el gran salón de la entrada con su imponente escalinata, el piso superior que incluye el Salón Dorado, la platea del teatro y el palco oficial del primer piso. El guía describe la decoración, cuenta la historia de la construcción y unos cuantos datos curiosos e interesantes.

Lamentablemente, como los trabajos en los talleres no están finalizados, la visita no los incluye. Y esto no es un dato menor porque en realidad para la mayoría de nosotros una visita turística es la única forma de acceder a esos espacios.

La visita no es mala, pero uno se queda con ganas de ver el “detrás de escena”.

El costo para los locales es de $20 y US$15 para los turistas. Y hablando de dinero, alguien preguntó cuánto cuestan las entradas para la primera ópera de este año y, aunque el guía no tenía confirmación de los precios, dijo que el Paraíso (el piso más alto y sin asiento, pero con la mejor acústica de toda la sala) costará unos $30 por función y que el abono de un palco completo, por cinco fechas (es decir, 5 espectáculos diferentes), rondará los $30.000 (!!!!).

Les dejo unas fotos que tomé hoy.

§

miércoles, 6 de octubre de 2010

Alivio refrescante

¡Uy… cuánto hace que no escribo nada!

Bueno, un poco es culpa de la falta de ganas, otro de la falta de tiempo.

Ahora tampoco voy a escribir mucho, pero quiero compartir con ustedes una curiosidad, algo que no había visto antes.

La semana pasada estuve en Chicago (EEUU) por trabajo y por placer. Una noche, estando en un restaurante, fui al baño y no pude evitar tomar una fotografía de lo que vi.

No se alarmen, no es tan escatológico. Sólo un poco curioso.

Así se veían los mingitorios…

Chicago Sep-Oct 2010 109

¡Tenían cubitos de hielo! ¡Qué refrescante!

§

jueves, 10 de junio de 2010

Cubiertos eran los de antes

No me considero miedoso, aunque soy desconfiado y ansioso. Sólo estas dos cosas son más que suficientes como para generar situaciones de stress cuando uno tiene que subirse a un avión.

En mi caso sin duda lo son, sobre todo lo fueron en la primera vez. Ahora, con varios vuelos en mi haber, el nivel de ansiedad es mínimo y miedo no tengo.
La primera vez fue en la era del "1 a 1" (¿se acuerdan de esa época?) y gracias a un amigo que me dijo:

- "¿Vamos a Europa?"
- "Bueno...",  le dije. Y allí fuimos.

Claro que no fue tan fácil la decisión. Tuve que hacer algunas cuentas... la plata no estaba toda a la vista. Luego, pedir permiso en el trabajo y organizar el viaje. No iría a ningún lugar sin antes un mínimo de organización. Para los que no me conocen, les comento que ese mínimo de planeamiento, comparándolo con la media de planes que hace el común de la gente, se parece más a la administración de un proyecto de la NASA que a una lista de cosas para llevar en la valija (lista que también fue confeccionada con riguroso detalle).

Mi bautismo en la aviación fue allá por los primeros días de Octubre de 1995. La verdad, no recuerdo el día exacto. Creo que tampoco importa.
Salimos de Ezeiza con rumbo a Madrid.
En este viaje de ida tuvimos la suerte de que nos asignaran los asientos que están junto a la salida de emergencia, sobre una de las alas del avión. Por un lado, eso fue un pequeño aporte de calma a mi ansiedad para el hipotético caso de que tuviera que salir por allí durante una emergencia. Pero lo más tangible y disfrutable, fue que teníamos como 2 metros de espacio hacia adelante para estirar las piernas, cosa que no podía hacer ninguno de los otros pasajeros de clase turista, salvo los que estaban sobre la (¿o el?) otra ala.

Recuerdo que el vuelo partía a la tarde y llegaba a la mañana siguiente muy temprano a Madrid. Como íbamos en contra de la luz, oscureció bastante rápido y nos dieron de cenar, así los que quisieran dormir lo hacían sin muchas demoras. De paso, ahorraban luz y las azafatas también se iban a dormir.

En esa época libre de los peligros del terrorismo, la vajilla y los cubiertos eran de verdad: de loza y de acero. Así que la cenar en un asiento de clase turista era un poco más incómodo que ahora porque había que manejar más peso en el reducido espacio de la bandeja. En mi caso, clasificable como tipo "cielorraso de arpillera" (panza por todos lados), la tarea de alimentarme se complica un poco más. Igual nunca he dejado de comer nada que se pudiera masticar del contenido de las bandejas de los aviones.

Lo otro que complica comer en un avión es que el avión está en el aire, y aunque uno no quiera, él hace uso de todo su derecho a moverse. La tradición marca que en el momento que te están por entregar tu bandeja, aparece la turbulencia y entonces puede pasar alguna de dos cosas: que la azafata dé media vuelta y te deje sin comer o que si ya te la ha entregado, igual pegue media vuelta y te deje a vos con la tarea de hacer equilibrio y comerte y beberte todo en 17 segundos para que los ravioles a la boloñesa no terminen sobre tus piernas (o tu cabeza si la turbulencia es grande).

Volviendo a la ansiedad y a los pequeños mieditos (recuerden que yo no los tengo a estos últimos, ja ja), la primera vez en un avión los ojos se dilatan hasta parecer huevos fritos y las orejas dos radares. Nada de lo que se ve o se oye es normal en tierra. Claro, es un avión. No obstante eso, todo lo que se ve y se oye es motivo de duda y a los pocos minutos de despegar ya tenés hasta el culo lleno de preguntas... (¿no es fino?).

Así me pasó en mi primer vuelo. Pero por fortuna no sólo llegamos sanos y salvos, sino que terminó siendo muy divertido: casi vomito, pero no por turbulencia sino de la risa...
Estábamos cenando con una casi milagrosa ausencia de turbulencia apreciable, cuando en un momento que levanto mi cabeza para estirar el cuello y dejar bajar un bodoque de lo que estaba masticando, escucho un ruido muy seco y fuerte a mi derecha, sobre el ala del avión, pero que parecía provenir del interior de la cabina, no del ala. Eso me sobresaltó bastante. No había sido un ruido normal. El bolo alimenticio bajó derecho al estómago sin que me diera cuenta.

Pocos milisegundos después del primer golpe (sí, hubo otro), veo algo que pasa delante de mis ojos a velocidad supersónica y emitiendo cierto brillo, o al menos eso me pareció en esa fracción de segundo.

Inmediatamente escucho el segundo ruido, casi tan fuerte como el primero, pero esta vez proveniente del lado izquierdo, justo en la pared de un conjunto de baños ubicados en el centro de la, -a esta altura de los acontecimientos- maldita aeronave. Si había alguien dentro de alguno de los baños haciendo lo primero, seguro que se hizo lo segundo encima. Yo terminé la digestión de la cena (que aún no había comido completamente) justo en ese instante.

Lo que creí ver en la fracción de tiempo siguiente fue algo que pasó por sobre mi cabeza y se dirigía hacia atrás, sin saber exactamente a dónde fue a parar.

Casi a punto de completar el ciclo alimenticio, y hacer lo segundo allí mismo, sin ir al baño, giré mi cabeza hacia mi derecha y pregunté:

- “Gervasio… ¿qué fue eso?” (el nombre no es real, para proteger la identidad del “delincuente”).
- “¡Callate! ¡Callate!”, me dijo, tratando de esconderse adentro del paquete de 20 gramos de manteca.
- “Pero ¿no viste ni oíste nada?... Algo se rompió…”

Ya en ese momento mi compañero de viaje estaba revolcándose en su asiento, en un ataque incontenible de risa. Yo lo miraba como diciendo ¿habré elegido el mismo menú que él?
Pasaron varios minutos hasta que Carlos (no, dije que era Gervasio, bueno es lo mismo) pudo hablar y contarme. Yo, como el avión no había comenzado a caer, deduje que no había sido grave y seguí comiendo.

Él no quería que los “ponjas” sentados detrás se avivaran de lo que había pasado y por qué había sucedido. Yo no entendía nada, y menos cómo no se iban a enterar con el estruendo que había generado.

Al final, cuando todo se calmó, me pidió mi cuchara para comer el postre.

- “¿Y tu cuchara dónde está? ¿No te dieron una?”, le pregunté.
- “No sé dónde fue a parar…”, respondió entre risas.

Cuando nos animamos, nos paramos como haciendo que queríamos estirar las piernas y verificamos que la misma no estaba incrustada entre los ojos del que estaba sentado detrás de mí. Gracias a Dios, no. Creo que el ponja era sordo…

La cuchara había salido de las manos de Alberto (bueno, el mismo que antes pero con otro nombre para seguir despistando) como consecuencia de una combinación de apuro, hambre, ansiedad, nerviosismo y lisa y llana brutalidad manual…
Con una aceleración que ninguno de los dos comprendió nunca, la cuchara salió hacia nuestra derecha, golpeó el lateral de la cabina, rebotó como tres metros pasando por delante de mi cabeza pero con cierta inclinación, como alejándose de mí, golpeó por segunda vez en la pared de la izquierda (al centro del avión, en realidad), rebotó nuevamente y sin perder demasiada altura pasó (en dirección francamente descendente) por arriba de mí aterrizando aún no sabemos dónde.

Ustedes dirán: una cuchara de postre no puede hacer tanto escándalo. Nosotros tampoco lo entendemos, pero les puedo asegurar que se escuchó como si el avión se estuviera rajando en cuatro partes. Y aún siendo menos importante de lo que pude haber percibido en ese momento, les puedo asegurar que siendo mi vuelo inaugural fue suficiente para no olvidarme nunca de esta anécdota aeronáutica.

§

sábado, 20 de febrero de 2010

La tecnología del Montjuic

Archivo:Palacio de Montjuic.jpg



El Museu Nacional d'Art de Catalunya se encuentra en el Palacio Nacional de Montjuic, justamente en la montaña Montjuic, en Barcelona.
Está muy cerca de la Plaza de España y toda el conjunto es uno de los principales atractivos de la ciudad. Además, la zona es un centro de convenciones y exposiciones de nivel internacional. Hay parques, grandes edificios, flores, fuentes, escaleras, otras escaleras, más escaleras y muchas escaleras por todos lados.
Para llegar a la cima, hay que subir... ¡escaleras!

La primera vez que estuve allí (tuve la oportunidad de visitar dos veces Barcelona) descubrí que además de las escaleras, también había... ¡escaleras mecánicas!
La alegría en ese momento no me duró mucho. Después de caminar una distancia extra para llegar a las escaleras mecánicas, que están sobre los laterales de las escalinatas centrales, vimos que no funcionaban.
- Che, qué gallegos más ineficientes- dije de inmediato- -Tienen las escaleras y no funcionan.
Lo dije en voz baja... ya que estaba en Cataluña, no en Galicia.

Luego de caminar hasta la escalera "manual" y comenzar a subir por ellas vimos con asombro que había gente que estaba subiendo por las escaleras mecánicas.

- Pero ¡qué m.... pasa! ¡Ahora están funcionando!
Igual seguimos subiendo a pie, y llegamos bien cansados a la cima.

Cuando llegó el momento de bajar, intentamos otra vez por las escaleras mecánicas porque veíamos que también había gente bajando por ellas. Cuando llegamos... estaban nuevamente ¡detenidas!
- ¡Ah... no! ¡Me están cachando! ¡Yo igual bajo por acá! En una de esas comienzan a funcionar en cualquier momento...

¡Y así fue! En cuanto nos acercamos al inicio de la escalera, ¡se pusieron en marcha!
- ¡Santas tecnologías, Batman! ¡Cosa 'e Mandinga!

Bueno, no era tan misterioso. Cuando llegamos abajo advertimos que había un cartel que decía que para ahorrar energía las escaleras sólo se ponían en marcha automáticamente cuando las personas se acercaban para usarlas...

Sin palabras.

Justo cuando estaba comenzando a sentir ganas de hacer pipí, divisamos un baño público automático (para nosotros fue algo así como ver un OVNI estacionado en Plaza de Mayo). Nos acercamos, leimos las instrucciones, junté las monedas necesarias para usarlo, las introduje e hice lo que tenía que hacer. Previamente tuve que esperar unos segundos porque había un mensaje en el visor que decía que se estaba haciendo la limpieza automática, ya que unos momentos antes había salido otra persona.

Cuando entré pude comprobar que la limpieza debía ser algo así como un centrifugado de un lavarropas porque todo estaba húmedo hasta las paredes y el techo. Y se veía limpio, no se preocupen.

Ah... qué encanto... estas son algunas de las tantas cosas que me fascinaron de Barcelona, una de las mejores ciudades que he visitado...

.