viernes, 29 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
Yendo para acá, viniendo para allá
¿A dónde iremos a parar con esta sociedad confundida? La falta de liderazgo de quienes deben conducirnos no es novedad para nadie.
Tampoco hay caminos claros para hacerlo. Y a veces podemos pensar que deberíamos dar media vuelta y regresar a situaciones ya pasadas.
Suele decirse que tenemos los conductores que nos merecemos y me parece que no debemos estar tan lejos de esa realidad.
Ahora bien, algo es seguro: si nosotros no sabemos a dónde queremos ir, no es de esperar que alguien nos pueda llevar…
Hoy muy temprano por la mañana hubo un gravísimo accidente en la ruta 3 entre un camión, una combi y varios vehículos más. Lo más lamentable es que hubo 11 muertos. Pero no se crean que es lo único que lamentar.
Lo segundo más lamentable fue el reporte de un notero (¿periodista?) de Crónica TV que para explicar uno de los detalles que resultaban más extraños de lo que quedó, declaró al aire que el camión que iba en dirección sur “dio un giro de 360 grados” y quedó mirando al norte.
Según Wikipedia, varios geómetras griegos, egipcios, miles de maestros de matemáticas y gente que sabe dónde camina… “un grado sexagesimal es la nonagésima parte de un ángulo recto”. Es decir, el ángulo recto tiene 90° y el doble o ángulo llano, es decir una recta, forma un ángulo de 180°.
Traduciendo: si uno va para allá y hace un giro de 180° termina viniendo para acá. Y si hace un giro de 360°, aparte de quedar como un Teletubi boludo, sigue yendo para allá o dónde quiera que estuviera yendo.
La pregunta del millón es por qué la gente (ya escuché a más de uno decir lo mismo) dice que hace un giro de 360° cuando quiere decir que cambió totalmente de dirección.
¡Con esa gente no vamos a ningún lado! ¡Así no! ¡Así no!… ¡no hay futuro con esa gente! Porque si vamos a hacer cambios de 360° ¡vamos a seguir haciendo lo mismo!
¡Tengámoslo en cuenta el próximo 14 de agosto!
Y si usted no lo tiene claro ¡cómprese un transportador!
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jueves, 21 de julio de 2011
Llanero “a la Rossini”
El personaje principal era un justiciero que galopaba en su caballo blanco llamado Silver por el viejo oeste de ese país.
La música usada por el programa es la parte final de la obertura de la ópera de Gioacchino Rossini, “Guillermo Tell”.
Esta ópera, la última que compuso Rossini, tiene una versión original en francés y es una ópera seria y bastante diferente a las que acostumbraba a componer.
Las versiones posteriores (de menor duración) surgieron porque la original se ajustaba al estilo y gustos de la ópera francesa de la época, diferentes a los gustos de los amantes de la ópera italiana o cantadas en italiano y sobre todo porque era muy extensa, casi seis horas de extensión.
A continuación comparto con ustedes el final de obertura, mejor conocida como “la música del llanero solitario” y luego la escena final de la ópera.
Personalmente no sé con cuál quedarme, tanto la obertura como el final me parecen impresionantes.
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lunes, 18 de julio de 2011
Tecnopolis
Ayer estuve visitando la exposición de ciencia y tecnología recientemente inaugurada.
Tiene cosas interesantes para todos los gustos, claro, siempre dentro de la temática de la exposición.
Es muy grande, así que hay que elegir qué ver y dónde hacer cola para entrar. Consejo adicional: hay que ir con abrigo porque si hay un poco de viento como ayer, el frío se siente bastante.
Había mucha, mucha, muchísima gente, tal como se ve en las siguientes fotos.
Otro consejo: ir con calzado cómodo para caminar mucho.
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miércoles, 29 de junio de 2011
La vaca, el caracol y la hormiga suicida
¿Hay algo más malo, perverso, arrastrado y baboso que Kretina?
No. No lo hay.
Pero hay algo que se le acerca. Y no hablo del caracol. Además, en este caso no está rodeado de bosta, sino que está en ella.
El Dicrocoelium dendriticum es un parásito que vive en los intestinos de las vacas (o las ovejas). Los huevos que pone para reproducirse terminan saliendo por la “parte sur” del cuadrúpedo herbívoro de referencia y eso hace que terminen en el suelo.
Hasta acá no dije nada que cualquier vaca no sepa. Tengan paciencia, ya viene lo más jugoso.
Justamente, el malvado parásito tiene como segundo huésped al arrastrado caracol. Prefiero no describir cómo llega al interior del caracol porque aún estoy haciendo la digestión de mi cena, pero ustedes se lo pueden imaginar. Ya sé que son bastante asquerositos.
Bien, aunque el parásito termina saliendo del interior del caracol a través de la baba del mismo eso no es lo más jugoso que les prometí más arriba.
Aquí aparecen las hormigas, que son lo suficientemente repugnantes como para chuparle la baba a un caracol. Según dicen es algo dulce y eso las atrae. Igual, no dejan de ser inmundas.
Pero, de puro chupa-babas que son, terminan mal.
Porque ahora, el parásito dentro de este tercer huésped, no va al intestino de la hormiga sino a su cerebro. Tampoco es muy atlético que digamos este parásito… ir del estómago o la boca de una hormiga hasta el cerebro no pueden ser más de dos pasos ¿no?
Bueno, aquí es donde la cosa se pone interesante, al menos para cualquiera que no tenga a esa criaturita dentro del cerebro, claro.
Porque el parásito toma el control de la hormiga y hace que cuando todas sus hermanas sanas vuelven al hormiguero porque termina la jornada de trabajo, la pobre hormiga infectada busque subir por la vegetación hasta la punta más alta de las hojas o ramitas y si se cae, vuelve a subir de manera de estar siempre en la punta más alta.
Así espera bien arriba y a la vista que amanezca, llegue una vaca hambrienta, se coma el pasto junto con la hormiga y el parásito regrese a la vaca completando así el ciclo de vida de su especie, en una horrenda y perversa reelección continua que comienza una y otra vez en medio de la mierda, se transmite por la baba y termina manipulando el cerebro de la clase trabajadora de la naturaleza.
¡Cualquier parecido con la realidad de nuestro país es pura coincidencia!
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lunes, 27 de junio de 2011
Son ∞ los monos
Al menos eso es lo que dice el teorema de los infinitos monos.
Tomando como ejemplo una frase de unos 50 caracteres, se puede calcular que un mono que pulsara una tecla por segundo tardaría en promedio, para escribir la frase correctamente, una cantidad de tiempo similar a la edad actual del Universo.
Aunque es un poco difícil de imaginar un mono que viviera tantos años, es casi seguro que algunos trabajan en las redacciones de los diarios y sitios de internet…
lksdmw2d sakmoe d qlkewlm p3 sdlq kwlp3opmfe df p oedm,d !!!
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