sábado, 31 de enero de 2009

A volar otra vez...

Mañana a la mañana parto rumbo a Venezuela, a la ciudad de Barquisimeto, nuevamente por trabajo. Hace como 2 días que no viajo en avión...!

viernes, 30 de enero de 2009

Me aburrí de...

...las efemérides diarias. Es engorroso actualizarlas y creo que es aburrido. Así que antes de salir de viaje nuevamente les aviso que no van más. Si ustedes lectores están muy interesados en la materia les indico el link del sitio de donde las estaba copiando: http://www.educar.org/comun/efemerides/ Fue muy lindo mientras duró... "No son ustedes, soy yo... Necesito sentir que puedo vivir sin ellas..."

martes, 27 de enero de 2009

Yendo hacia Curitiba

Avión. Fila de tres asientos. Yo del lado del pasillo, una pareja joven en los otros dos. Apenas despegamos él se puso a completar el formulario para entregar en la aduana de Brasil. Yo ya lo había hecho mientras esperábamos el despegue porque llegué antes. Una de las preguntas que hay que responder es si se van a ingresar alimentos, frutas, animales, etc. - “¿Ingresa animales? preguntó él en voz alta y luego se respondió:... "Sí... flor de gato traigo” (ella lo mira y luego quejándose hace algún sonido gutural parecido a miau…, ja ja!). Yo tuve que contener la carcajada… Bien, comenzamos el viaje con humor… el pibe me alegró el inicio. Luego se pasaron todo el viaje enroscados y retorciéndose de tal manera que por momentos parecía que en ese bollo humano había más de dos personas. En fin… El vuelo fue bueno, tranquilo, con una única “caída” tipo montaña rusa a los pocos minutos de despegar. Fue tan sorpresiva que todos nos miramos como diciendo “¿estamos en el aire aún?” Y eso fue todo, después comenzaron a servir la comida y en ese momento todo el mundo se olvidó de cualquier cosa. Lo importante es deglutir todo lo que sirven antes de que aparezca alguna turbulencia y haya que suspender la actividad.

lunes, 26 de enero de 2009

No me extrañen

Me estoy yendo de viaje a Curitiba (Brasil) en las próximas horas, por eso estaré ausente de mi blog por algunos días. Estimo que el próximo viernes o sábado estaré nuevamente aquí. Si no aparezco es porque no hice a tiempo, ya que la otra semana debo salir nuevamente rumbo a Venezuela y Perú. En resumen, son dos semanas viajando, con una pequeña escala en Buenos Aires en el medio. Ah... todo es por trabajo, nada de turismo lamentablemente. Hassta la vissta, baby!

Humor II

"¡La puta... qué frío!" (Walt Disney)

Caperucita y el Lobo:

- Lobo, ¡qué orejas más coloradas tienes!

- Si...

- Lobo, ¡qué cara más roja tienes!

- Si...

- Lobo, ¡qué hinchadas tienes las venas del cuello!

- Si...

- Lobo, ¡qué abiertos tienes los ojos!

- ¡¡¡Síííí!!!!...

- Lobo, ¡qué apretados tienes los dientes!

- Caperucita. ¿¿¿podrías dejarme cagar en paz????

domingo, 25 de enero de 2009

¡Tocate algo que sepamos todos!

En mi vida hubo un punto de inflexión en lo que respecta a la música. Bueno, en realidad más que punto de inflexión, fue casi como una “singularidad espacio-tiempo” (lean a Hawking para saber de qué hablo). El cambio fue radical, con perdón de la palabra, ya que pasé de Donna Summer a Peter Illych Tchaikovsky, de Queen a Antonio Vivaldi o de Bob Marley a Kiri Te Kanawa por citar sólo algunos ejemplos. En realidad no abandoné a mis primeros “ídolos musicales”, sino que bajaron un escalón en mi lista de preferencias y la música clásica tomó la posta. Todo sucedió alrededor del año 1984 ó 1985, no recuerdo bien, mientras estudiaba en la universidad. Por esos años estuve viviendo en una residencia universitaria católica en la que había más que cama y comida. Teníamos pileta de natación, cancha de papy-fútbol, cancha de paddle, una quinta en San Miguel, biblioteca y entre otras cosas: discoteca. No un boliche bailable sino una colección de discos de música clásica. Esos discos, junto al correspondiente reproductor, estaban en la sala de lectura de diarios. Sucedía que la gente se juntaba allí a leer los diarios (éramos como 150 estudiantes) y alguno que otro que ya era amante de la música clásica a veces escuchaba algo. Fue así como en algún momento coincidí con algunas de esas personas y resultó que lo que escuchaba me pareció agradable, luego un poco mejor, y finalmente yo también elegía la música y “ponía” los discos. No todo pasó inmediatamente. Primero escuchaba cosas del tipo “Vivaldi” como Las cuatro estaciones o conciertos por el estilo. Para decirlo en otras palabras, música para “la gilada”. Lo interesante del asunto es que a medida que pasó el tiempo mi oído fue pidiendo más (se ve que es tan insaciable como mi estómago), cosas más avanzadas en materia musical y entonces comencé a escuchar otro tipo de composiciones tales como sinfonías, de Haendel, de Beethoven, de Dvorak y así cada vez con compositores más “contemporáneos”. Hoy en día disfruto a Mahler o a Shostakovich tanto o más que Vivaldi, por nombrar sólo a algunos. En esos años también comencé a asistir a conciertos en el Teatro Colón ya que la residencia en cuestión nos preveía también de entradas gratis. Escuché durante varios años a las más importantes orquestas y directores de todo el mundo y conocí mucha más música que la que había en la discoteca de la sala de lectura. También por mi cuenta comencé con la ópera y allí encontré varios de los mejores espectáculos que haya visto en toda mi vida. Ya ni recuerdo la cantidad de óperas que vi en el Colón, pero voy a nombrar algunas: Fausto, Aida, Las Bodas de Fígaro, El Barbero de Sevilla, Don Juan, Manon Lescaut, El Holandés Errante, Ascenso y Caída de la Ciudad de Mahagonny, Cavalleria Rusticana, I Pagliaci, El Trovador, etc., etc. Cuando me harté del Colón pasé a la comedia musical y entonces vi Drácula, El Jorobado de París y Las Mil y Una Noches (las tres de Cibrián), Los Miserables, Mamma Mia!, El Rey León y El Fantasma de la Ópera. Las tres últimas en Broadway ¡qué tal! De acuerdo a este prontuario se imaginarán que de cumbia ¡ni hablar!

viernes, 23 de enero de 2009

Visitantes

Lentamente pero con paso firme el número de usuarios de este blog va aumentando. Claro, no todos regresan. Supongo que algunos entran buscando algo, o por casualidad y al ver de qué se trata huyen “como rata por tirante”… Aunque parezca raro de creer, tengo 24 visitas de Estados Unidos y de México. Y no se fueron de inmediato, no... no, leyeron más de una página. ¡Qué tal! También hay algunos de Noruega, Taiwan, Brasil, Chile y España, pero estos parece que llegaron por medio de buscadores porque miraron y se fueron. No les gustó lo que vieron o no era lo que buscaban. En promedio el blog tiene unas 4 visitas por día y el 65% de los visitantes regresa alguna vez. No me parece mal, no pensé que tendría tanto éxito, ja ja! ¿Cómo sé todo esto? Bueno, uso una aplicación que se llama Google Analytics que está muy buena. Me dice todo tipo de datos de los visitantes del blog. Pero no se preocupen, no me dice quiénes son ni nada por el estilo, sólo de qué países son, si vuelven alguna vez, y otras cosas parecidas. La página más visitada es por supuesto la principal que es la que aparece cuando uno entra al blog, pero luego le siguen (más lejos) las entradas tituladas “Palabra de suizo” y “Con amigos como estos…”. No sé por qué, no tengo todas las respuestas.